Análisis Histórico y Geopolítico del Perú (1526-1830):
El Periodo Virreinal y su Ocultamiento Historiográfico
El periodo comprendido entre los años 1526 y 1830 constituye la etapa más extensa, compleja y formativa de la historia peruana. Abarca desde los primeros contactos de las expediciones europeas con las civilizaciones andinas, pasando por la instauración y apogeo del Virreinato del Perú —el dominio más próspero y extenso del Imperio español en Sudamérica—, hasta su desmembramiento territorial, crisis política y la subsecuente consolidación de la República. El estudio cronológico y exhaustivo de estos tres siglos revela la conformación de la matriz cultural, económica y social del Perú contemporáneo. A pesar de su innegable trascendencia geopolítica, que posicionó al puerto del Callao como el epicentro del poder hispánico en el Pacífico, el periodo virreinal ha sido marginado sistemáticamente en los espacios académicos y escolares.
Cabe destacar un aspecto fundamental sobre la elaboración de este artículo: la investigación se ha realizado al cien por ciento utilizando fuentes de internet, sin necesidad de revisar ningún libro físico. Esta aclaración no busca, en absoluto, disminuir la incuestionable importancia de las obras impresas, pues sigue siendo necesario e importante acudir a fuentes escritas tradicionales y consultar con investigadores especializados para profundizar. El verdadero propósito es demostrar que cualquier persona puede estudiar la historia virreinal literalmente desde su teléfono, explorando la inmensa cantidad de información disponible en las redes. Para formarse una visión general, sólida y clara del tema, con la información que se encuentra «en línea» basta.
Con esto, podemos demostrar de manera concluyente que en la era digital no hay excusas para no enseñar ni para no estudiar el virreinato. Bajo esta premisa, este informe presenta, en una primera instancia, una relación cronológica pormenorizada de los sucesos políticos, científicos y sociales de dicha época, para luego analizar las razones historiográficas y pedagógicas que explican su supresión en la historia oficial del país.
Primera Parte: Relación Cronológica y Evolución del Virreinato (1526-1830)
El Virreinato del Perú constituyó la piedra angular del dominio imperial español en América del Sur durante casi tres siglos. Su conformación no obedeció a un proceso de asimilación pacífica, sino a una compleja superposición de violencias, negociaciones, guerras intestinas, desastres naturales, audaces expediciones transoceánicas, asedios de potencias rivales, caídas demográficas y reconfiguraciones institucionales que moldearon un espacio económico y cultural de dimensiones continentales. La historiografía contemporánea ha superado la visión tradicional que reducía este periodo a una mera etapa de extracción de metales, revelando en su lugar la existencia de un ecosistema económico dinámico, una sociedad estamental con profundas fisuras y permeabilidades, y una vida religiosa y cultural de excepcional intensidad. Este informe exhaustivo analiza la trayectoria cronológica del virreinato, para luego desglosar a profundidad las estructuras económicas, la demografía, la organización militar, el vasto panorama religioso y el desarrollo científico, tecnológico y artístico que definieron a la sociedad virreinal peruana.
1526-1542: El Encuentro, la Conquista y el Fin de los Conquistadores
Los prolegómenos del Perú virreinal se iniciaron en el año 1526, durante el segundo viaje de la expedición liderada por Francisco Pizarro, Diego de Almagro y Hernando de Luque desde Panamá. En este año, el piloto Bartolomé Ruiz cruzó la línea ecuatorial hacia el sur, explorando las costas del actual Pacífico sudamericano hasta la desembocadura del río Santa, convirtiéndose en los primeros europeos en avistar formalmente las costas de Ecuador y Perú, y estableciendo contacto con una balsa de comerciantes tumbesinos. En 1527, acaeció el célebre incidente de la Isla del Gallo, donde Pizarro y los conocidos como los «Trece de la Fama» trazaron una línea en la arena, decidiendo continuar hacia el sur en busca de la mítica riqueza del Tahuantinsuyo. Tras este reconocimiento, Pizarro viajó a España para formalizar sus derechos ante la Corona, firmando la Capitulación de Toledo en 1529, la cual le otorgaba los títulos de Gobernador y Capitán General de Nueva Castilla.
El tercer viaje definitivo zarpó de Panamá en 1531. Para 1532, las huestes españolas desembarcaron en Tumbes y avanzaron hacia los Andes, pero antes de eso, el 15 de Agosto de ese año, fundaron San Miguel de Piura, la primera ciudad hispana en este territorio.
El 16 de noviembre de 1532, mediante un audaz golpe táctico y aprovechando la guerra civil incaica, los españoles capturaron al Inca Atahualpa en la plaza de Cajamarca. El año 1533 estuvo marcado por el cobro de un rescate sin precedentes en oro y plata, culminando con la ejecución de Atahualpa el 26 de julio. En noviembre de ese mismo año, Pizarro ingresó y tomó control del Cusco, la capital imperial.
En 1534, el 23 de Marzo, tiene lugar la fundación hispana del Cuzco y el 25 de Abril, los conquistadores fundaron Jauja (Santa Fe de Hatun Xauxa) como la primera capital, pero por evidentes necesidades logísticas y de conexión marítima con España a través de Panamá, Francisco Pizarro decidió trasladar el centro del poder a la costa, fundando la Ciudad de los Reyes (Lima) el 18 de enero de 1535. Al año siguiente, en 1536, estalló la formidable rebelión de Manco Inca, quien asedió el Cusco durante diez meses y envió ejércitos a sitiar Lima, marcando el inicio de una prolongada resistencia desde el reducto de Vilcabamba que duraría hasta 1572.
Las riquezas descubiertas engendraron codicia y fracturaron la alianza de los conquistadores. En 1537, Diego de Almagro regresó fracasado y empobrecido de su expedición a Chile, ocupando el Cusco y desatando la primera guerra civil entre los españoles. Este conflicto concluyó temporalmente en 1538 con la Batalla de las Salinas, donde las fuerzas pizarristas derrotaron a Almagro, quien fue sumariamente ejecutado. Sin embargo, la violencia endémica persistió. El 26 de junio de 1541, partidarios de Almagro «el Mozo» asaltaron el palacio en Lima y asesinaron a Francisco Pizarro.
A pesar del ambiente desordenado de esos años, los conquistadores fundaron 15 ciudades entre 1532 y 1540, lo que demuestra el carácter civilizatorio de su presencia en estas tierras.
El caos imperante y las constantes denuncias de clérigos como Bartolomé de las Casas respecto al maltrato de la población indígena impulsaron al rey Carlos I de España a promulgar las Leyes Nuevas. Este corpus legislativo buscaba suprimir el carácter hereditario de las encomiendas y someter a los conquistadores a la autoridad directa de la monarquía. Como consecuencia política directa, el 20 de noviembre de 1542 se creó oficialmente el Virreinato del Perú y la Real Audiencia de Lima, estableciendo la jurisdicción española sobre un territorio vastísimo que abarcaba desde Panamá hasta la Tierra del Fuego.
1543-1568: La Rebelión de los Encomenderos y la Consolidación Institucional
El intento de la Corona por centralizar el poder chocó violentamente con los intereses de la aristocracia conquistadora. En 1544, arribó a Lima el primer virrey, Blasco Núñez Vela, con la orden inflexible de aplicar las Leyes Nuevas. Esta intransigencia provocó el alzamiento general de los encomenderos liderados por Gonzalo Pizarro. En 1546, las fuerzas rebeldes derrotaron y decapitaron al virrey en la Batalla de Iñaquito. Para pacificar el territorio, el Consejo de Indias despachó al clérigo Pedro de la Gasca, quien, dotado de poderes extraordinarios, utilizó la diplomacia, las promesas de indulto y la revocación temporal de ciertas restricciones para desarticular el bando rebelde. Finalmente, en 1548, La Gasca venció a Gonzalo Pizarro en la Batalla de Jaquijahuana, ejecutándolo y restaurando el orden real.
La paz, sin embargo, fue precaria. El descontento por el reparto de tierras y encomiendas seguía latente. El 12 de noviembre de 1553, estalló en el Cusco una nueva y feroz asonada: la rebelión de Francisco Hernández Girón. Bajo el lema retórico de «libertad», el levantamiento en realidad representaba la última exigencia de los encomenderos por recuperar el control absoluto sobre la mano de obra indígena y desafiar a la Audiencia gobernante. Tras más de un año de movilizaciones bélicas y varias victorias tácticas contra los ejércitos leales a la Corona, Hernández Girón fue definitivamente derrotado en Pucará en octubre de 1554 y decapitado en Lima poco después.
En 1556, con la llegada del virrey Andrés Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete, se inició una pacificación más estructurada. Este virrey logró mediante negociaciones que Sayri Túpac, gobernante inca de Vilcabamba, aceptara vasallaje y una rica encomienda en el valle de Yucay en 1558, aminorando la hostilidad en la sierra sur. A nivel administrativo, la vastedad del virreinato requirió una división judicial y ejecutiva; así, en 1563, se instituyó la Real Audiencia de Quito. Posteriormente, en 1565, el gobernador Lope García de Castro debió enfrentar crisis en múltiples frentes: el descubrimiento de un complot de mestizos en Lima y el resurgimiento del Taki Onqoy en Ayacucho, un movimiento mesiánico de resistencia pacífica que predicaba el retorno de las huacas y deidades andinas tradicionales.
1569-1600: Las Reformas Toledanas, Geopolítica del Estrecho y Exploración de Oceanía
La verdadera arquitectura del Estado Virreinal se cimentó con la llegada del virrey Francisco de Toledo en 1569. Durante su extensa administración, Toledo llevó a cabo la Visita General (1570-1575), transformando radicalmente la demografía andina al obligar a la población indígena a reasentarse en «reducciones» o pueblos de indios. Esta medida facilitó enormemente el cobro del tributo, el reclutamiento para la mita minera y la evangelización. En el aspecto militar, en 1572, Toledo ordenó la incursión final contra Vilcabamba, lo que resultó en la captura y posterior decapitación del último Inca de resistencia, Túpac Amaru I.
Económicamente, en 1574, Toledo impulsó la técnica de la amalgama de plata con azogue (mercurio), integrando la producción de la mina de plata de Potosí con la recién expropiada mina de mercurio de Santa Bárbara en Huancavelica. Esta sinergia tecnológica catapultó exponencialmente la extracción de plata, inaugurando la era de esplendor argentífero que sostuvo las guerras del Imperio español en Europa.
La educación virreinal en esta etapa, dominada por las órdenes religiosas, instauró un modelo profundamente clasista pero altamente estructurado. Las instituciones como la Universidad de San Marcos (fundada en 1551) y los colegios de los jesuitas (como el Colegio San Pablo y el San Martín) enseñaban bajo una rígida estructura escolástica. Se dividía el aprendizaje en Primeras Letras, Estudios Menores (centrados en el latín usando la Gramática de Antonio de Nebrija) y Estudios Mayores (arte y filosofía aristotélica). Esta educación buscaba reproducir los valores culturales, jerárquicos y religiosos de la metrópoli en la emergente nobleza hispano-criolla y en la élite de los curacas.
En el frente geopolítico, el virreinato debió adoptar una postura defensiva y expedicionaria sin precedentes tras la sorpresiva incursión del corsario inglés Francis Drake en el océano Pacífico en 1578. Drake, tras cruzar el Estrecho de Magallanes, saqueó las costas de Chile y el Callao en 1579, demostrando la vulnerabilidad del «lago español». Para prevenir futuras incursiones, el virrey Toledo ordenó una audaz expedición al mando de Pedro Sarmiento de Gamboa.
El 11 de octubre de 1579, Sarmiento de Gamboa zarpó del Callao como capitán superior de dos naves, la Nuestra Señora de la Esperanza y el San Francisco (al mando de Juan de Villalobos). Las instrucciones estrictas eran cartografiar el estrecho, capturar a Drake si lo encontraban, y estudiar las condiciones para establecer fortalezas artilladas que sellaran el paso interoceánico. El 17 de noviembre, alcanzaron la latitud 50° sur, y en enero de 1580, tras una fuerte tormenta que separó permanentemente a ambas naves, Sarmiento ingresó al canal, bautizándolo como «Estrecho de la Madre de Dios». Realizó detallados levantamientos topográficos y en febrero de 1580 logró desembocar en el océano Atlántico, siendo la primera vez que se cruzaba el estrecho de oeste a este.
El impacto de esta expedición llevó a Sarmiento a España, donde convenció al rey Felipe II de enviar una vasta flota colonizadora en 1581. Tras enormes vicisitudes marítimas y la pérdida de miles de personas, Sarmiento de Gamboa logró regresar al estrecho en 1584 con una fracción de la expedición original, fundando los fuertes de «Nombre de Jesús» y «Rey Don Felipe». Abandonados a su suerte y aislados por el inclemente clima, los colonos perecieron casi en su totalidad; el lugar pasaría a la historia con el tétrico nombre otorgado por el pirata Thomas Cavendish: Puerto del Hambre.
Simultáneamente, el Perú proyectó su hegemonía hacia Oceanía. Álvaro de Mendaña, quien ya en 1567 había avistado las Islas Salomón partiendo del Callao, lideró una segunda y trágica expedición en 1595, descubriendo las Islas Marquesas. Tras el amotinamiento de la tripulación y la muerte de Mendaña, la pericia del piloto mayor Pedro Fernández de Quirós permitió salvar a los sobrevivientes dirigiéndolos hacia Manila.
A nivel sísmico, la vulnerabilidad del territorio se hizo patente. En 1586, Lima sufrió un devastador terremoto que obligó a rediseñar los parámetros arquitectónicos de la capital virreinal. En este contexto de transformaciones y crisis de finales del siglo XVI, destacó la inmensa labor pastoral de Santo Toribio de Mogrovejo, quien como arzobispo organizó la Iglesia sudamericana, impulsó el Tercer Concilio Limense y defendió a los indígenas frente a los abusos. Simultáneamente, el franciscano San Francisco Solano ganaba celebridad evangelizando con su música y lanzando dramáticos sermones que llamaban al arrepentimiento ante la amenaza constante de sismos en las plazas limeñas. Dos años después, en 1588, la derrota de la Gran Armada española en el Canal de la Mancha alteró el equilibrio naval europeo, lo que incrementaría drásticamente la piratería en las décadas siguientes.
1601-1650: El Siglo de la Plata, el Renacimiento Cartográfico y la Fe
El nuevo siglo inició con una renovada ambición por descubrir la Terra Australis Incognita. Con apoyo estatal, Pedro Fernández de Quirós zarpó nuevamente del Callao el 21 de diciembre de 1605. Comandando las naves San Pedro y San Pablo, San Pedro y el patache Los Tres Reyes, Quirós cruzó el Pacífico y, a mediados de 1606, descubrió el archipiélago de Vanuatu, convencido de haber hallado el ansiado continente austral; bautizó a su isla principal como «Australia del Espíritu Santo». Durante esta expedición, su segundo al mando, Luis Váez de Torres, navegó por el estrecho que hoy lleva su nombre, bordeando el sur de Nueva Guinea. A su regreso, Quirós redactó sus memorias impulsando el interés antártico, aunque sus afirmaciones fueron tomadas inicialmente con escepticismo.
En estas décadas, el virreinato del Perú vivió su cenit comercial. La producción de plata de Potosí generaba un flujo comercial que conectaba Lima con Panamá, Sevilla y, a través del Galeón de Manila, con las Filipinas y Asia. La capital virreinal se erigió como una metrópoli de un ostentoso barroco andino. En el plano defensivo, el virrey Marqués de Montesclaros repelió el asedio del corsario holandés Joris van Spilbergen en la Batalla de Cerro Azul en 1615, salvaguardando los envíos de metales preciosos. Fue precisamente durante esta grave amenaza que emergió la figura de Santa Rosa de Lima —la primera santa americana—, a quien la devoción popular le atribuyó el legendario milagro de proteger a la ciudad del ataque corsario mediante sus oraciones y penitencias.
Posteriormente, en 1624, la armada virreinal soportó con éxito un bloqueo de cinco meses en el Callao ejecutado por Jacques l’Hermite, quien finalmente falleció de disentería en la isla San Lorenzo. En medio de este auge urbano y las fuertes tensiones sociales de castas, floreció también la inmensa caridad de San Martín de Porres, humilde mulato dominico que sirvió como brillante cirujano y consejero, y de San Juan Macías, inmigrante español y portero recolector de limosnas; ambos se convirtieron en el soporte y refugio espiritual de los enfermos y marginados de la capital.
El territorio andino fue golpeado por un desastre telúrico que transformaría su cosmovisión religiosa. El 31 de marzo de 1650, un catastrófico terremoto destruyó casi por completo la ciudad del Cusco. La magnitud del sismo derribó gran parte de las construcciones levantadas sobre muros incas. En medio del colapso, los fieles sacaron en procesión un Cristo crucificado de tez morena; según la crónica eclesiástica, los temblores cesaron, originando el inmenso culto al «Señor de los Temblores», hito del profundo sincretismo andino-cristiano.
1651-1700: Piratería, Decadencia de los Austrias y Ruptura Demográfica
La segunda mitad del siglo XVII reflejó la decadencia política y económica de la monarquía de los Habsburgo españoles. La producción de Potosí inició una curva descendente debido a la menor pureza de los minerales y a la corrupción crónica en la provisión del monopolio de azogue. A esta crisis económica se sumó el estallido social. En 1668, el virrey Conde de Lemos tuvo que viajar personalmente a Puno para aplastar la violenta rebelión de los mineros de Laicacota, ordenando la ejecución de los acaudalados hermanos Salcedo para sofocar el desafío directo a la autoridad virreinal.
La geopolítica caribeña afectó directamente al Perú. El terror provocado por el brutal saqueo de Panamá por el filibustero Henry Morgan en 1671 evidenció la incapacidad española para defender sus enclaves pacíficos. Esto motivó al virrey Melchor de Navarra y Rocafull, Duque de la Palata, a iniciar la construcción de las colosales murallas de Lima, finalizadas hacia 1687, que circundaban la capital en un esfuerzo por protegerla de asedios piratas.
Paradójicamente, la ruina llegó por la naturaleza. El 20 de octubre de 1687, Lima y el Callao sufrieron un violento terremoto acompañado de un tsunami. Este evento tuvo consecuencias catastróficas a largo plazo: arruinó los canales de irrigación y esterilizó extensas áreas de cultivo de trigo en la costa central. Esta crisis forzó al virreinato a depender de la importación masiva de trigo desde Chile, alterando irreversiblemente la balanza comercial intrarregional que antes dominaban los comerciantes limeños.
1701-1750: La Transición Borbónica, Blas de Lezo y Guerras Imperiales
El cambio de siglo trajo consigo la crisis sucesoria europea que derivó en el ascenso de la Casa de Borbón. El Tratado de Utrecht en 1713 otorgó a Inglaterra concesiones comerciales como el «Navío de Permiso», abriendo una brecha legal que fomentó un gigantesco contrabando en los puertos del Pacífico, erosionando el monopolio limeño.
Buscando eficiencia administrativa y militar para proteger los territorios septentrionales del contrabando y las amenazas británicas, la Corona dictaminó en 1717 (y reafirmó en 1739) la creación del Virreinato de Nueva Granada, con sede en Bogotá. Esta decisión amputó al Perú del control político de jurisdicciones vitales como Panamá, Quito y la costa caribeña. Socialmente, en 1720 la Corona abolió formalmente el sistema de encomiendas, aunque la explotación indígena mutó hacia la mita y el endeudamiento sistemático en obrajes y haciendas.
En 1741, durante la Guerra del Asiento, la supervivencia del sistema imperial sudamericano enfrentó su prueba máxima. La formidable armada británica del almirante Edward Vernon, que buscaba quebrar el comercio español, sitió Cartagena de Indias. La épica defensa dirigida por el estratega Blas de Lezo —sostenida por subsidios y recursos que provenían en gran medida de las cajas reales de los virreinatos del sur— resultó en una aplastante y humillante derrota para Gran Bretaña. Esta victoria monumental retrasó un siglo la hegemonía inglesa en la región y preservó intactas las posesiones españolas, garantizando la seguridad de las rutas marítimas hacia el Perú.
En la esfera interna, en 1742 estalló la rebelión mesiánica de Juan Santos Atahualpa en el Gran Pajonal (selva central). A través de un dominio de tácticas de guerrilla en el difícil terreno amazónico, expulsó a las misiones franciscanas y desarticuló las expediciones militares enviadas desde Lima, manteniéndose invicto. A la par, el 28 de octubre de 1746, Lima fue azotada por el terremoto más destructivo de su historia Virreinal, seguido de un maremoto que borró al Callao del mapa. La reconstrucción de la capital, liderada por el virrey José Antonio Manso de Velasco (Conde de Superunda), introdujo parámetros arquitectónicos antisísmicos bajo las influencias higienistas de la Ilustración europea.
1751-1800: El Reformismo Ilustrado, las Exploraciones y el Desmembramiento del Sur
La segunda mitad del siglo XVIII atestiguó el cenit de las Reformas Borbónicas y un vigoroso renacimiento del esfuerzo expedicionario español frente a la amenaza de rusos e ingleses. Para asegurar su soberanía en el Pacífico Sur y Norte, el Apostadero Naval del Callao coordinó y despachó expediciones científicas y estratégicas de gran envergadura.
Tabla 1: Expediciones Científicas y Militares desde el Virreinato del Perú y San Blas hacia el Pacífico (1770-1792)
| Expedición / Comandantes | Fecha de Zarpe / Origen | Naves Involucradas | Hitos Históricos y Descubrimientos Logrados |
| Felipe González de Ahedo | 10 de octubre de 1770 (Callao) | Navío San Lorenzo (70 cañones), fragata Santa Rosalía (26 cañones) | Arribo en noviembre de 1770 a la Isla de Pascua. Anexión formal a España bajo el nombre de «Isla San Carlos». Elaboración del primer levantamiento cartográfico y primeros dibujos documentados de los moáis. Obtención de firmas indígenas (rongo-rongo) en el acta de anexión. |
| Domingo de Bonechea | 1772 y 1774 (Callao) | Fragata El Águila | Realizó expediciones a Tahití para frenar posibles asentamientos británicos liderados por James Cook. Se intentó asentar misiones católicas y colonos (bautizando el enclave como «Santísima Cruz» en Tautira). La misión fue finalmente abandonada el 12 de noviembre de 1775, tras la muerte de Bonechea. |
| Juan Francisco de la Bodega y Quadra | 1775, 1779, 1792 (San Blas, provisto con la fragata Santa Gertrudis despachada desde el Callao) | Goleta Sonora, fragata Santiago, Santa Gertrudis | Navegación de las costas norteamericanas del Pacífico hasta el paralelo 58° N en Alaska, buscando contener el avance ruso y delimitar influencias con Inglaterra. Descubrimiento de la rada de Bucareli. Realizó profundos estudios etnográficos de las poblaciones originarias y levantamientos para el Tratado de Nutka (1790). |
En el ámbito educativo y social, el rey Carlos III decretó en 1767 la expulsión de la Compañía de Jesús de todos los territorios imperiales. En el Perú, esto generó un enorme vacío en la enseñanza superior y media, privando de maestros especializados a los colegios de caciques y a la élite criolla, provocando un notable retroceso pedagógico.
El golpe de gracia a la supremacía económica limeña ocurrió en 1776, cuando la Corona creó el Virreinato del Río de la Plata. Esta medida amputó la región del Alto Perú (hoy Bolivia) y, con ella, las minas de Potosí, redirigiendo la vasta riqueza argentífera hacia Buenos Aires. En 1778, se dictaminó el Reglamento de Libre Comercio, dinamitando definitivamente el histórico monopolio del puerto del Callao.
Las agresivas reformas fiscales borbónicas, el aumento de alcabalas y la persistente explotación en la mita desembocaron en la masiva y sangrienta Gran Rebelión de Túpac Amaru II (José Gabriel Condorcanqui) en 1780. Aunque logró victorias iniciales como Sangarará, fue derrotado y ejecutado en el Cusco el 18 de mayo de 1781. Las consecuencias fueron profundas: se abolió el cargo de curaca, se suprimió la nobleza incaica institucionalizada y se prohibió la literatura identitaria andina, dejando un vacío de liderazgo indígena y cimentando un profundo terror en la aristocracia limeña hacia las movilizaciones populares.
En el apogeo de la Ilustración, el conocimiento se profesionalizó. En 1790, llegó la Expedición Malaspina, que compiló exhaustivos estudios cartográficos, botánicos y sociológicos de las costas del Pacífico. Motivados por estas corrientes, los ilustrados criollos formaron en 1790 la «Sociedad de Amantes del País» y publicaron en 1791 el Mercurio Peruano, revista que sentó las bases de la peruanidad al estudiar metódicamente la geografía, historia y realidad social del país.
1801-1830: Crisis Imperial, Expedición Filantrópica y el Nacimiento de la República
A inicios del siglo XIX, las instituciones virreinales mantenían un formidable control naval. Entre 1802 y 1804, desde el Departamento Marítimo del Callao, se despacharon expediciones cartográficas bajo el mando de José Ignacio Colmenares y José de Moraleda para mapear el litoral desde Chiloé (Chile) hasta Sonsonate (Centroamérica). Ambas misiones levantaron una ingente cantidad de información, pero fueron truncadas en septiembre de 1804 cuando buques británicos apresaron la goleta Extremeña asumiendo erróneamente un estado de guerra.
En el campo de la salud pública y el progreso científico, se ejecutó la proeza logística y humanitaria más destacable de la era Virreinal: la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, dirigida globalmente por Francisco Javier de Balmis y liderada en su vertiente sudamericana por el subdirector médico José Salvany. Portando el suero contra la viruela inoculado en cadena a través de los brazos de niños expósitos, Salvany superó naufragios y el escarpado relieve andino, llegando a Lima a finales de mayo de 1806. Pese al inicial recelo de las autoridades limeñas, la campaña vacunó exitosamente a miles de indígenas y mestizos. Salvany, consumido por las enfermedades contraídas en la travesía, continuó su misión apostólica hasta fallecer en Cochabamba el 21 de julio de 1810.
En el escenario militar continental, en 1806 y 1807, las tropas británicas ejecutaron invasiones sobre Buenos Aires. La capacidad de las milicias criollas locales para expulsar a la superpotencia naval sin socorro de la metrópoli demostró que América podía autogobernarse. Cuando Napoleón invadió España en 1808, detonando el colapso institucional del Imperio, las ideas de autonomía se esparcieron. En respuesta, el virrey José Fernando de Abascal, gobernante desde 1806, transformó al Perú en una gigantesca maquinaria militar contrarrevolucionaria, aplastando las incipientes juntas de gobierno de Quito, Chuquisaca, La Paz y Chile.
Pese a la represión de Abascal, las ideas del liberalismo y de las Cortes de Cádiz permearon el territorio peruano, originando movimientos independentistas locales auténticos que desmienten el mito de una independencia exclusivamente otorgada desde el exterior.
Tabla 2: Primeros Movimientos Separatistas y Rebeliones en el Perú (1811-1813)
| Fecha / Año | Líder(es) del Alzamiento | Localización | Descripción y Consecuencias del Evento |
| 20 de junio de 1811 | Francisco Antonio de Zela | Tacna | Reconocido como el «primer grito libertario». Zela, en coordinación con el avance argentino de Castelli, asaltó dos cuarteles realistas y declaró adhesión a la Junta de Buenos Aires. La rebelión duró 4 días; tras la derrota argentina en Guaqui, Zela fue apresado, enviado a la prisión de Chagres (Panamá) donde murió en 1819. |
| 22 de febrero de 1812 | Juan José Crespo y Castillo, José Rodríguez | Huánuco | Alzamiento con profunda base indígena (Panatahuas, Chupaychus) motivado por tributos abusivos, que luego fue liderado por criollos. Tomaron la ciudad y formaron una junta. Fueron derrotados por el intendente José González de Prada en la Batalla de Ambo (marzo de 1812) y sus líderes ejecutados a garrote vil. |
| 3 de octubre de 1813 | Enrique y Juan Francisco Paillardelle, Manuel Calderón | Tacna | Segunda insurrección en Tacna, con signos separatistas, apoyada en el segundo avance del general Manuel Belgrano. Intentaron capturar el sur para los patriotas, pero fueron vencidos en el Combate de Camiara (13 de octubre). Los líderes debieron huir hacia el Alto Perú al enterarse de la derrota argentina en Vilcapuquio. |
A estos movimientos se sumó en 1814 la masiva revolución del Cusco liderada por Mateo Pumacahua y los hermanos Angulo, que abarcó desde Arequipa hasta La Paz antes de ser sangrientamente aniquilada en la batalla de Umachiri en 1815.
El agotamiento de las fuerzas realistas y criollas peruanas pavimentó el camino para las corrientes “libertadoras” extranjeras. En septiembre de 1820, la Expedición liderada por José de San Martín desembarcó en Paracas. San Martín proclamó la Independencia del Perú el 28 de julio de 1821 en Lima. No obstante, el virrey José de la Serna trasladó el grueso del ejército realista a la sierra. San Martín, desgastado y con un proyecto de monarquía constitucional que no convenció a la élite local, cedió el liderazgo a Simón Bolívar, quien arribó en 1823.
El colapso militar del virreinato se selló el 9 de diciembre de 1824 en la Batalla de Ayacucho, donde Antonio José de Sucre derrotó y forzó la capitulación de La Serna. La tenacidad española tendría su último y fútil episodio en los castillos del Real Felipe en el Callao, donde el brigadier José Ramón Rodil resistió un asedio atroz hasta rendirse por hambre en enero de 1826.
Los primeros años republicanos, hasta 1830, estuvieron marcados por la anarquía, la desestructuración estatal y la ruina económica. Sin un aparato productivo (las minas inundadas, la agricultura devastada y el comercio paralizado) y sin una burguesía directriz sólida, el poder recayó en los líderes militares de la independencia, inaugurando el «Primer Militarismo». Bajo el gobierno de caudillos como José de La Mar y Agustín Gamarra, el Perú enfrentó incluso su primera confrontación internacional, la Guerra Gran Colombo-Peruana (1828-1829), defendiendo su soberanía norteña frente a las ambiciones territoriales de Bolívar, en un periodo de dramática reacomodación geopolítica que clausuró, definitivamente, los ecos del imperio español.
Segunda Parte: Análisis Estructural del Virreinato
1. Dinámicas Económicas: Minería, Comercio, e Instituciones Financieras
La minería argentífera, con Potosí a la cabeza, no operó como un mero enclave de sustracción, sino que propició la conformación de un gigantesco «mercado interno americano». Potosí demandaba insumos de todo el continente: mulas de Córdoba, yerba del Paraguay, textiles de Quito y Cusco, y mercurio de Huancavelica.
El monopolio y la protección de estos gigantescos circuitos de capital recaía sobre el Tribunal del Consulado de Lima, creado por Real Cédula en 1593 e instalado en 1613. Lejos de ser un simple gremio, esta corporación de poderosos mercaderes operaba como una corte de justicia mercantil resolviendo disputas bajo la lex mercatoria, al tiempo que recaudaba impuestos aduaneros y fungía como el principal brazo financiero del Estado. Su poder era tan abrumador que costeaba enteramente la «Armada del Mar del Sur» encargada de proteger los galeones de plata en su ruta hacia Panamá, y financiaba los gastos militares de las capitanías fronterizas.
A nivel fiscal, la economía virreinal era sostenida por un aparato impositivo riguroso: el Quinto Real (20% de los metales para la corona), el Almojarifazgo (aranceles aduaneros), la Alcabala (impuesto a la venta interna) y el Tributo Indígena, pagado por varones de entre 18 y 50 años. En cuanto a las relaciones laborales, aunque el sistema forzado de la mita garantizaba el grueso de los trabajadores mineros, las necesidades técnicas propiciaron la aparición del «mingado», un minero indígena libre, asalariado y altamente especializado, demostrando la incipiente maduración de un mercado laboral paralelo.
Este vigoroso mercado interno desobedeció a menudo a la corona. El tráfico directo a través del Pacífico —comprando sedas chinas mediante el Galeón de Manila desde Acapulco— resultaba tan lucrativo que los «peruleros» evadieron sistemáticamente las prohibiciones reales de 1591, 1631 y 1634 impuestas para evitar la fuga de plata fuera del circuito atlántico metropolitano. En el siglo XVIII, para compensar crisis económicas, las autoridades impulsaron el oneroso reparto mercantil (obligación de los indígenas de comprar productos europeos a precios usureros), detonante directo de las insurrecciones tupamaristas.
2. Agricultura, Agroindustria, y Vida Material
La geografía del virreinato permitió una diversificación agropecuaria extensa. Entre los cultivos base, el maíz prehispánico y el trigo europeo sostuvieron la dieta urbana y minera. Sin embargo, el sector que alcanzó un desarrollo agroindustrial monumental fue la caña de azúcar, introducida en la costa norte en 1549 por Diego de Mora, quien fundó en el valle de Chicama (La Libertad) el primer trapiche, industria que rápidamente se extendió a Lambayeque hacia 1570 bajo pioneros como Salvador Vásquez, operando mediante mano de obra esclava.
En el sur costero (Ica, Pisco, Moquegua), la agroindustria vitivinícola experimentó una explosión comercial. Las parras, documentadas en la región desde 1548, no solo produjeron vinos de excelente calidad que amenazaron a los productores andaluces, sino que propiciaron el perfeccionamiento de tecnologías de destilación. Para 1587 ya existen registros notariales en Ica (Valverde) de la venta de «agua ardiente», y en 1613 el testamento del productor Pedro Manuel «El Griego» detalla la propiedad de calderas de cobre y tinajas para su elaboración, situando a la región como la cuna definitiva del aguardiente que mundialmente se conocería como Pisco. A estos productos se sumó el cultivo masivo del algodón en Piura, el tabaco para exportación y la hoja de coca para abastecer la enorme demanda de los mineros andinos.
3. Manufactura, Industria Textil y Tecnología Naval
Lejos del espejismo exclusivo de los metales preciosos, el Perú albergó un sector secundario robusto.
La Industria Textil (Obrajes): Desde la fundación del primer obraje en Jauja en 1545, la manufactura textil se expandió aceleradamente debido a la incapacidad española de abastecer al enorme mercado americano. Para el periodo de mayor auge (1660-1750), operaban alrededor de 300 obrajes en los Andes (como Cusco, Huamanga y Cajamarca), combinando lana de camélidos, algodón norteño y tecnología de telares europeos para fabricar bayetas, jergas y paños. Operados con mano de obra mitaya y asalariada en condiciones precarias, estos centros abastecieron a todo el sur andino hasta que la competencia feroz de los textiles de Quito y el libre comercio del siglo XVIII marcaron su decadencia.
Astilleros y Armas: La capacidad logística naval se sostuvo gracias al eje conformado por los prolíficos astilleros de Guayaquil (los más grandes del Pacífico, productores de la flota mercante y de guerra) y la maestranza del puerto del Callao. En el Callao, la industria militar operó centros como la Fábrica de pólvora de Martinete, con capacidad inicial de procesar hasta 135 quintales en morteros, y formidables instalaciones para la fundición de cañones de bronce, destacando las labores del maestro fundidor peruano Espinoza para artillar el imponente Castillo del Real Felipe.
Otras industrias conexas: A lo largo del territorio proliferó la industria jabonera (basada en el sebo caprino, fuertemente localizada en Piura), la curtiembre del cuero (cordobanes), la alfarería y, hacia el siglo XVIII, la incipiente explotación y salazón pesquera, así como la precursora extracción de fertilizantes naturales (guano y salitre) en el litoral sur.
4. Sociedad, Castas y las Milicias como Vehículo Social
Para administrar a una población indígena que tras epidemias devastadoras descendió de unos 9 millones a apenas millón y medio hacia 1570, la Corona estableció el dualismo jurídico: la República de Españoles y la República de Indios. Sin embargo, el inevitable mestizaje generó una base social de castas (mestizos, zambos, mulatos) que habitaba los márgenes de las ciudades.
Ante el constante asedio corsario y la falta de tropas profesionales provenientes de España, el Estado implementó las Milicias de Castas. Batallones formados por «pardos y morenos» libres se entrenaron para defender plazas neurálgicas del virreinato. Alistarse brindaba a las castas afrodescendientes acceso al fuero militar y un codiciado prestigio («decencia»), abriendo una de las pocas vías de movilidad y reconocimiento social en un sistema jerárquico y estamental.
5. Religión, Extirpación de Idolatrías y el Florecimiento Místico
La legitimación del imperio estuvo intrínsecamente ligada al mandato evangelizador. Esta tarea combinó la elaboración de herramientas lingüísticas excepcionales y tácticas de represión directa.
Concilios y Extirpación: El Tercer Concilio Limense (1582-1583) logró unificar la enseñanza mediante el Catecismo en quechua y aymara. No obstante, cuando clérigos como Francisco de Ávila evidenciaron a fines del siglo XVI que las religiones ancestrales (huacas y mallquis) persistían intactas bajo una fachada cristiana, se instituyó formalmente la Extirpación de Idolatrías. Respaldados por el manual metodológico del jesuita Pablo Joseph de Arriaga (1621), los visitadores procesaron a miles de curanderos andinos, destruyendo sistemáticamente su patrimonio material. Por otro lado, la ortodoxia moral de criollos y extranjeros quedó a cargo del Tribunal de la Inquisición, que cobró una siniestra letalidad en el «Auto de Fe» de 1639, desmantelando la Complicidad Grande de mercaderes criptojudíos portugueses.
Los Cinco Santos Peruanos: Entre 1580 y 1645, la fervorosa sociedad virreinal acunó a cinco figuras espirituales cimeras, cuyas vidas ilustran el profundo misticismo y las tensiones sociales:
- Santo Toribio de Mogrovejo (1538-1606): Arzobispo organizador de la Iglesia sudamericana e impulsor del Tercer Concilio Limense, dedicó su vida a extenuantes visitas pastorales defendiendo a los indígenas frente a los abusos.
- Santa Rosa de Lima (1586-1617): Primera santa americana. Laica dominica famosa por sus rigurosas mortificaciones físicas, su caridad hacia los marginados y su legendario milagro de proteger a Lima del ataque corsario de Spilbergen en 1615.
- San Martín de Porres (1579-1639): Mulato despreciado por su casta, ingresó como hermano lego dominico. Su humildad extrema y conocimientos como cirujano y boticario, junto a sus dones de bilocación, lo hicieron consejero de virreyes y protector de enfermos y animales.
- San Juan Macías (1585-1645): Inmigrante español y portero dominico en Lima, recolector incansable de limosnas. Reconocido por sus visiones y su ofrenda incesante del rosario para liberar, según su confesión obediente, a más de un millón de almas del Purgatorio.
- San Francisco Solano (1549-1610): Misionero franciscano célebre por evangelizar utilizando la música (rabel) y por sus dramáticos y apocalípticos sermones llamando al arrepentimiento ante la amenaza sísmica en plazas limeñas.
6. Ciencia, Tecnología e Innovación
Pese al conservadurismo escolástico de la época, las necesidades ingenieriles, la curiosidad empírica y la asimilación de las ideas de la Ilustración propulsaron investigaciones científicas y desarrollos tecnológicos extraordinarios en el Perú.
Astronomía, Geodesia y Matemáticas La ciencia local tuvo un impulso notable desde la Universidad de San Marcos, destacando figuras como el polímata barroco Pedro Peralta y Barnuevo (1664-1743). Sin embargo, el gran salto hacia la ciencia moderna ocurrió a mediados del siglo XVIII con la llegada de la Misión Geodésica Francesa (1735), enviada por la Academia de Ciencias de Francia para zanjar el debate sobre la forma del planeta. En ella participó el astrónomo Louis Godin, quien llegó a ejercer el cargo de Cosmógrafo Mayor del Virreinato. Fue precisamente la autoridad técnica adquirida por Godin la que le permitió asesorar de manera crucial al virrey Manso de Velasco (Conde de Superunda) tras la destrucción total de Lima por el terremoto de 1746. Godin descartó la mampostería pesada y ordenó el uso extensivo de la quincha (entramado flexible de caña y barro) para bóvedas y segundos pisos, consolidando la afamada arquitectura sísmica virreinal.
La Corona española condicionó el ingreso de esta misión a la participación de dos marinos españoles: Jorge Juan y Antonio de Ulloa. Su paso por los Andes dejó grandes legados: Ulloa descubrió el platino (la primera descripción científica moderna de este metal) y, de forma paralela, ambos redactaron las Noticias secretas de América, un crudo informe reservado para el rey que desnudaba los abusos y la corrupción. A esta efervescencia científica se sumó Cosme Bueno, médico y matemático que publicó anualmente El Conocimiento de los Tiempos, un almanaque de cálculos astronómicos y descripciones geográficas que representó un enorme ejercicio de ciencia aplicada.
Medicina y Botánica El aporte global más subestimado del territorio andino fue la quina (o cascarilla), corteza de la que se extrae la quinina. Su difusión desde los Andes hacia Europa en el siglo XVII, históricamente ligada a la leyenda de la Condesa de Chinchón, la convirtió en el único remedio efectivo en el mundo contra la malaria, revolucionando la farmacología global. Este interés científico motivó grandes proyectos como la Expedición Botánica de Ruiz y Pavón (1777-1788) para clasificar la flora endémica.
A fines de siglo, el médico criollo Hipólito Unanue innovó la praxis sanitaria al abandonar la teoría galénica pura, fundando el Anfiteatro Anatómico (1792) para disecciones y el Colegio de Medicina de San Fernando. Unanue no solo importó ciencia, sino que la adaptó al contexto local mediante su tratado Observaciones sobre el clima de Lima, un brillante ejemplo de climatología médica con enfoque ilustrado.
Ingeniería y Tecnología Aplicada El virreinato también fue pionero en tecnologías de la comunicación y la industria. En 1584, el italiano Antonio Ricardo introdujo la imprenta en Lima, convirtiéndola en la primera de toda Sudamérica, un hito técnico-cultural fundamental.
En la minería, motor económico de la época, destacó la introducción en 1574 de la técnica de la amalgama de plata con azogue (mercurio). Este vital proceso fue una adaptación local del método de «patio» creado en México por Bartolomé de Medina, el cual fue perfeccionado en el eje Potosí-Huancavelica, evidenciando una notable genealogía tecnológica transatlántica.
Innovación y Aeronáutica: Santiago de Cárdenas En el campo de las innovaciones visionarias resalta la historia de Santiago de Cárdenas (1726-1766), un autodidacta de ascendencia afroperuana sin educación formal. Totalmente aislado del incipiente mundo científico europeo (tampoco estaba al tanto de los trabajos de Da Vinci que en esos años estaban perdidos), Cárdenas dedicó años a observar empíricamente el vuelo de los cóndores y las aves guaneras en los cerros limeños. En 1761 redactó un tratado titulado Nuevo sistema de navegar por los aires, donde propuso principios aerodinámicos básicos y cálculos físicos para una máquina voladora tripulada.
Envió su proyecto al virrey Amat, quien se lo encargó a la máxima autoridad científica de la época: el cosmógrafo Cosme Bueno. Bueno dictaminó que el vuelo humano era teóricamente posible, pero impracticable, y lo rechazó. La incomprensión de sus contemporáneos fue tal que el fallido anuncio de una prueba de vuelo lo convirtió en objeto de burla; pasó a la historia costumbrista como «Santiago el Volador» gracias a Ricardo Palma. No obstante, hoy es reconocido como un precursor genuino de la aeronáutica, capaz de intuir leyes aerodinámicas más de un siglo antes de que la ciencia europea las formalizara.
7. Expresiones Culturales: Arte y Letras
El arte virreinal nació como instrumento evangelizador, pero rápidamente fraguó una identidad mestiza singular. Lima irradió técnicas europeas mediante la Escuela Italiana impulsada por artistas como Bernardo Bitti y Angelino Medoro, pero fue en los Andes donde explotó el sincretismo de la Escuela Cusqueña durante los siglos XVII y XVIII. Pintores nativos como Diego Quispe Tito incorporaron pan de oro, paisajes andinos y representaciones de ángeles arcabuceros, burlando los cánones europeos y afirmando su autoctonía.
Las letras florecieron con figuras anónimas geniales como la enigmática poetisa limeña Amarilis, y el talento satírico implacable de Juan del Valle y Caviedes, quien fustigó a los médicos y vicios sociales de la época. El teatro, introducido por los jesuitas, y la música y las danzas de origen afroperuano (como la zamacueca) terminaron por conformar una sociedad vibrante donde las élites y la plebe, pese a las normativas segregacionistas, compartían e interactuaban en un espacio cultural ineludiblemente criollo.
Conclusión
La arquitectura del Virreinato del Perú representa un tapiz histórico donde convergen la explotación y el esplendor, la caída demográfica y el surgimiento del Estado moderno. Articulado en torno a un vasto mercado interior, su economía irradió desde Potosí para transformar ecosistemas en polos agroindustriales, redes textiles y astilleros. Si bien su régimen sociojurídico pretendía inmovilizar a una población herida por el colapso biológico, el sincretismo andino, el misticismo católico encarnado en figuras excepcionales, y la genialidad inventiva y artística de sus habitantes forzaron adaptaciones constantes. El ocaso del sistema absolutista español, consumado en Ayacucho en 1824, heredaría a las nacientes repúblicas sudamericanas tanto el peso de sus inequidades estructurales como la resiliencia profunda de una sociedad mestiza, forjada irrevocablemente a través de tres siglos de historia colonial.
Tercera Parte: La Supresión del Virreinato en la Historiografía y la Educación Peruana
A pesar de que el periodo virreinal constituye la era formativa de la que emanan el marco jurídico, la religión, la traza urbana, el mestizaje lingüístico y culinario, y la estructura económica de la actual República, es el periodo más ignorado, simplificado y estigmatizado en el currículo de colegios y universidades peruanas. La negación de estos casi trescientos años de historia no es un error omisivo, sino el resultado de un prolongado proceso sociológico e historiográfico que responde a decisiones políticas e ideológicas muy concretas tomadas desde los albores de la República y que fue diseñado para forjar una identidad nacional específica.
El Nacionalismo Criollo y el Mito de «Incas sí, españoles no»
Una vez finalizado el proceso separatista, la incipiente intelectualidad peruana del siglo XIX —encarnada en historiadores fundacionales como Santiago Távara, Mariano Eduardo de Rivero y Juan Basilio Cortegana— enfrentó el doble reto de justificar la ruptura política con España y cohesionar un territorio profundamente fragmentado. Para lograrlo, instrumentalizaron un relato que la historiadora Cecilia Méndez ha identificado como el nacionalismo criollo, fundamentado en el principio rector de «Incas sí, españoles no».
Los líderes criollos, siendo paradójicamente los herederos directos —en lo genético, cultural y económico— de los españoles, promovieron un discurso tajante de «conquista e invasión» para dotar a la nueva República de una legitimidad ancestral. En este esquema ideológico, el Imperio Inca fue exaltado hasta lo romántico, presentándolo como una civilización magna, pura y trágicamente expropiada. En contrapartida, los casi tres siglos del Virreinato, fueron despojados de toda su complejidad y colapsados en una «edad oscura», caracterizada unívocamente por la tiranía, el robo y la decadencia. La gran paradoja de este nacionalismo es que exaltaba fervorosamente al «indio del pasado» (erigiendo y venerando figuras míticas como Manco Cápac) mientras segregaba de forma violenta y estructural al «indio del presente», negándole la ciudadanía real y manteniéndolo en la marginalidad política.
«El Perú desde la escuela» y la consolidación de la Idea Crítica
Durante el siglo XX, esta matriz ideológica republicana evolucionó hacia posturas sociológicas revolucionarias, permeando de forma definitiva el sistema educativo formal. El clásico ensayo El Perú desde la escuela (1989), de los investigadores Gonzalo Portocarrero y Patricia Oliart, desnudó cómo los manuales escolares transmiten una «idea crítica» del país. Ambos académicos documentaron que se imparte una historia de corte marcadamente victimista, en la cual la nación andina fue sojuzgada ininterrumpidamente, estableciendo la resistencia y la continuidad del conflicto como los únicos ejes narrativos válidos.
De acuerdo con las investigaciones de Portocarrero y Oliart, la vinculación entre la identidad peruana contemporánea y el Tahuantinsuyo ha sido un éxito pedagógico tan rotundo que cifras abrumadoras de estudiantes consideran al Imperio Incaico como la «época más feliz» del país, mientras que el Virreinato es repudiado visceralmente, teniendo muy pocos partidarios en la estima juvenil. Estas narrativas escolares han consolidado un antiimperialismo retrospectivo donde la Conquista es sinónimo de destrucción total y el Virreinato se entiende exclusivamente como un saqueo minero sistemático.
Esta excesiva simplificación en las aulas imposibilita el análisis del vasto desarrollo urbano, jurídico e intelectual de la época, eliminando por completo del imaginario colectivo logros transcontinentales ampliamente documentados en la «Historia del Virreinato», como las proezas de salud pública de la Expedición Filantrópica de la Vacuna, o las monumentales exploraciones transpacíficas hacia Oceanía y Norteamérica comandadas por Pedro Fernández de Quirós y Juan Francisco de la Bodega y Quadra.
Existen cuatro razones estructurales por las cuales la época virreinal se enseña con superficialidad en escuelas y universidades:
1. La necesidad de un «Mito Fundacional» Republicano Toda nueva nación necesita legitimar su existencia. Las repúblicas hispanoamericanas del siglo XIX, al independizarse militarmente de España, construyeron su identidad en oposición absoluta y hostil a la metrópoli. Se internalizó la «Leyenda Negra» y se impuso una narrativa dicotómica: el Imperio Español fue enmarcado exclusivamente como una entidad invasora y expoliadora. Reconocer avances científicos (como el trabajo del cosmógrafo Louis Godin, las imprentas o las expediciones transpacíficas), la existencia de derechos jurídicos, o una prosperidad comercial, habría sido percibido como justificar el dominio realista que tanto costó derrocar.
2. La polarización del tiempo histórico: Incas vs. República La enseñanza escolar oficial partió la historia en dos épocas de oro separadas por una edad oscura: el glorioso pasado preinca e inca (Tahuantinsuyo), seguido inmediatamente por el advenimiento libertador republicano. Los 300 años de la administración Habsburgo y Borbón quedaron comprimidos y empaquetados bajo un término peyorativo: «La Colonia». Se le despojó de todo dinamismo geopolítico y social, reduciendo tres siglos a apenas cuatro conceptos clave a memorizar: la mita minera, los abusos en obrajes, las encomiendas y las rebeliones.
3. La incomodidad del Mestizaje y las Alianzas Nativas Profundizar en la estructura del Virreinato implica desmontar la versión de la conquista como un choque simplista entre «buenos (invadidos)» y «malos (invasores)». Enseñar la verdadera estructura social virreinal requeriría explicar que las élites de curacas indígenas y señores étnicos (como los Huancas, Chachapoyas y descendientes Chimúes) fueron aliados fundamentales de los españoles y cogobernaron sus territorios, reteniendo grandes cuotas de poder local, escudos nobiliarios y ejércitos propios durante gran parte de los siglos XVI y XVII. Esta complejidad desarma el discurso nacionalista homogenizador impulsado en las aulas y por ello suele evitarse.
4. El «Presentismo» y la simplificación pedagógica Explicar a jóvenes escolares las complejidades mercantiles globales, como la importancia del galeón transpacífico, el rol del contrabando de la piratería internacional en el siglo XVII, el debate fisiológico de Hipólito Unanue o la aerodinámica empírica de Santiago de Cárdenas, demanda un enorme esfuerzo pedagógico interdisciplinario (juntando geografía, ciencia, historia y economía global). Históricamente, los ministerios de educación han optado por la salida pragmática: suprimir la complejidad de las redes del imperio y enfocarse únicamente en fechas patrias biográficas de próceres militares de 1821 en adelante.
El Sesgo Estructural en el Currículo Nacional Actual (MINEDU)
Hoy en día, esta desvalorización histórica se institucionaliza en el Currículo Nacional de la Educación Básica (CNEB) del Ministerio de Educación (MINEDU). Dentro del área de Ciencias Sociales, los estudiantes deben desarrollar la competencia «Construye interpretaciones históricas». Sin embargo, la estructuración de los temarios sufre de vacíos crónicos.
Tabla 3: Estructura Curricular del MINEDU y el Tratamiento del Periodo Virreinal
| Competencias y Dimensiones Curriculares | Abordaje del Periodo Virreinal en Secundaria | Efectos en la Comprensión Histórica |
| Enfoque Temático Desigual | Se dedica un amplio espacio al Tawantinsuyo y la invasión europea (s. XVI) y salta rápidamente a las Reformas Borbónicas y las rebeliones independentistas (s. XVIII-XIX). El siglo XVII virreinal (apogeo cultural, barroco, sincretismo religioso) queda oculto. | Impide que el estudiante entienda las lógicas del Estado Virreinal. Todo el virreinato se percibe como una transición caótica entre la caída incaica y la liberación sanmartiniana. |
| Reduccionismo Socioeconómico | El diseño metodológico orienta al estudiante a centrarse exclusivamente en sistemas de dominación, analizando causas y consecuencias en base a variables como «la opresión, mita, y esclavitud». | Genera un presentismo histórico. Los estudiantes juzgan estructuras jurídicas y mentales del siglo XVII usando parámetros de derechos humanos del siglo XXI, anulando la comprensión del contexto propio del Antiguo Régimen. |
| Identidad vs. Objetividad Científica | Promueve una «ciudadanía crítica» que busca reivindicar a los pueblos originarios negando el carácter mestizo o hispánico de las instituciones. | Perpetúa el nacionalismo victimista. La dicotomía entre «vencidos y vencedores» se cristaliza como verdad inamovible, dejando nulo margen para la complejidad del vasallaje y el mestizaje. |
Como lo advierte la historiadora Scarlett O’Phelan, especialista en el periodo, «la historia que se nos enseña en el colegio es bastante selectiva y sesgada». O’Phelan sugiere que para comprender verdaderamente la herencia institucional peruana se debe evaluar críticamente el «legado Virreinal», analizando sin leyendas negras sus luces (redes hospitalarias, fundaciones de colegios, administración territorial) y sus sombras (estructuras de servidumbre, castas, centralismo).
La negación sistemática del Virreinato en las aulas es, en conclusión, un dispositivo sociológico de control de la identidad. Para la república decimonónica y para el Estado contemporáneo, asumir el Virreinato como una fase constitutiva del «nosotros» peruano implicaría admitir la naturaleza dolorosamente conflictiva, profundamente mestiza y marcadamente estamental de su propia sociedad. Se opta, por ende, por la amnesia institucional, sepultando trescientos años de la historia más compleja del continente en la trinchera del olvido para preservar un mito fundacional purista que resulta, en última instancia, insuficiente para explicar la realidad actual del país.
Anexos
ANEXO 1: Lista Cronológica de los Virreyes del Perú (1544-1824)
El Virreinato del Perú estuvo gobernado por 40 virreyes desde su creación hasta la capitulación de Ayacucho. A continuación, se detalla la nómina completa.
| N.º | Nombre, Familia y Origen | Cargo Anterior | Período | Siguiente Cargo o Destino |
| 1 | Blasco Núñez Vela (Ávila, España. Familia noble abulense) | Corregidor de Cuenca y Málaga | 1544 – 1546 | Falleció decapitado en la Batalla de Iñaquito. |
| 2 | Antonio de Mendoza y Pacheco (Alcalá la Real, España. Casa de Mendoza) | 1.º Virrey de Nueva España (México) | 1551 – 1552 | Falleció en el cargo (Lima). |
| 3 | Andrés Hurtado de Mendoza (Cuenca, España. Marqués de Cañete) | Montero Mayor del Rey | 1556 – 1560 | Falleció poco después de entregar el mando (Lima). |
| 4 | Diego López de Zúñiga y Velasco (Valladolid, España. Conde de Nieva) | Gobernador de Galicia | 1561 – 1564 | Falleció en el cargo bajo extrañas circunstancias. |
| 5 | Francisco de Toledo (Oropesa, España. Casa de Álvarez de Toledo) | Mayordomo de la corte real | 1569 – 1581 | Regresó a España. Falleció en 1582. |
| 6 | Martín Enríquez de Almansa (Castilla, España. Casa de Almansa) | 4.º Virrey de Nueva España | 1581 – 1583 | Falleció en el cargo (Lima). |
| 7 | Fernando Torres y Portugal (Jaén, España. Conde de Villardompardo) | Asistente de Sevilla | 1585 – 1589 | Regresó a España. |
| 8 | García Hurtado de Mendoza (Cuenca, España. Marqués de Cañete) | Gobernador de Chile | 1589 – 1596 | Regresó a España; Consejero de Estado. |
| 9 | Luis de Velasco y Castilla (Carrión, España. Marqués de Salinas) | 8.º Virrey de Nueva España | 1596 – 1604 | Retornó a México como 11.º Virrey de Nueva España. |
| 10 | Gaspar de Zúñiga Acevedo y Velasco (Monterrey, España. Conde de Monterrey) | 9.º Virrey de Nueva España | 1604 – 1606 | Falleció en el cargo (Lima). |
| 11 | Juan de Mendoza y Luna (Guadalajara, España. Marqués de Montesclaros) | 10.º Virrey de Nueva España | 1607 – 1615 | Regresó a España; Consejero de Estado real. |
| 12 | Francisco de Borja y Aragón (Madrid, España. Príncipe de Esquilache) | Caballero de la Orden de Santiago | 1615 – 1621 | Regresó a España; poeta y literato en la corte. |
| 13 | Diego Fernández de Córdoba (Sevilla, España. Marqués de Guadalcázar) | 13.º Virrey de Nueva España | 1622 – 1629 | Regresó a España. Falleció en 1630. |
| 14 | Luis Jerónimo Fernández de Cabrera (Madrid, España. Conde de Chinchón) | Consejero de Estado | 1629 – 1639 | Regresó a España; Consejero de Aragón. |
| 15 | Pedro Álvarez de Toledo y Leiva (Úbeda, España. Marqués de Mancera) | Gobernador de Galicia | 1639 – 1648 | Regresó a España. Falleció en Madrid. |
| 16 | García Sarmiento de Sotomayor (Pontevedra, España. Conde de Salvatierra) | 16.º Virrey de Nueva España | 1648 – 1655 | Falleció en Lima en 1659. |
| 17 | Luis Enríquez de Guzmán (León, España. Conde de Alba de Liste) | 17.º Virrey de Nueva España | 1655 – 1661 | Regresó a España. |
| 18 | Diego de Benavides y de la Cueva (Santisteban, España. Conde de Santisteban) | Virrey de Navarra | 1661 – 1666 | Falleció en el cargo (Lima). |
| 19 | Pedro Antonio Fernández de Castro (Madrid, España. Conde de Lemos) | Teniente General de Caballería | 1667 – 1672 | Falleció en el cargo (Lima). |
| 20 | Baltasar de la Cueva y Enríquez (Madrid, España. Conde de Castellar) | Virrey de Navarra | 1674 – 1678 | Destituido. Regresó al Consejo de Indias. |
| 21 | Melchor de Liñán y Cisneros (Madrid, España. Clero) | Arzobispo de Lima | 1678 – 1681 | Retomó exclusivamente su cargo de Arzobispo. |
| 22 | Melchor de Navarra y Rocafull (Zaragoza, España. Duque de la Palata) | Vicecanciller de Aragón | 1681 – 1689 | Falleció de fiebre amarilla viajando a España. |
| 23 | Melchor Portocarrero Lasso de la Vega (Madrid, España. Conde de la Monclova) | 30.º Virrey de Nueva España | 1689 – 1705 | Falleció en el cargo (Lima). |
| 24 | Manuel de Oms y de Santa Pau (Barcelona, España. Marqués de Castelldosríus) | Embajador en Portugal | 1707 – 1710 | Falleció en el cargo (Lima). |
| 25 | Diego Ladrón de Guevara (Guadalajara, España. Clero) | Obispo de Quito | 1710 – 1716 | Regresó a su obispado tras ser destituido. |
| 26 | Carmine Nicolás Caracciolo (Nápoles, Italia. Príncipe de Santo Buono) | Embajador en Venecia | 1716 – 1720 | Regresó a España. Falleció en Madrid. |
| 27 | Diego Morcillo Rubio de Auñón (Villarrobledo, España. Clero) | Arzobispo de Charcas | 1720 – 1724 | Fue designado Arzobispo de Lima; murió allí. |
| 28 | José de Armendáriz y Perurena (Navarra, España. Marqués de Castelfuerte) | Capitán General de Guipúzcoa | 1724 – 1736 | Regresó a España. |
| 29 | José Antonio de Mendoza Caamaño (Galicia, España. Marqués de Villagarcía) | Embajador en Venecia | 1736 – 1745 | Falleció en el viaje marítimo de regreso a España. |
| 30 | José Antonio Manso de Velasco (La Rioja, España. Conde de Superunda) | Gobernador de Chile | 1745 – 1761 | Procesado por la pérdida de La Habana; exiliado. |
| 31 | Manuel de Amat y Junyent (Barcelona, España. Aristocracia catalana) | Gobernador de Chile | 1761 – 1776 | Regresó a Cataluña con inmensa fortuna. |
| 32 | Manuel de Guirior (Navarra, España. Marqués de Guirior) | Virrey de Nueva Granada | 1776 – 1780 | Destituido por discrepancias con el Visitador Areche. |
| 33 | Agustín de Jáuregui y Aldecoa (Navarra, España. Militar) | Gobernador de Chile | 1780 – 1784 | Falleció en Lima poco después de cesar su mando. |
| 34 | Teodoro de Croix (Lille, Francia/España. Caballero de Croix) | Comandante de Prov. Internas | 1784 – 1790 | Regresó a España; Coronel de Guardias Reales. |
| 35 | Francisco Gil de Taboada y Lemos (Galicia, España. Familia noble gallega) | Virrey de Nueva Granada | 1790 – 1796 | Ministro de Marina en España. |
| 36 | Ambrosio O’Higgins (Sligo, Irlanda. Marqués de Osorno) | Gobernador de Chile | 1796 – 1801 | Falleció en el cargo (Lima). |
| 37 | Gabriel de Avilés y del Fierro (Barcelona, España. Marqués de Avilés) | Virrey de Río de la Plata | 1801 – 1806 | Falleció en Valparaíso cuando viajaba a España. |
| 38 | José Fernando de Abascal y Sousa (Oviedo, España. Marqués de la Concordia) | Presidente de la Audiencia de Guadalajara | 1806 – 1816 | Regresó a España; Capitán General. |
| 39 | Joaquín de la Pezuela (Naval, España. Marqués de Viluma) | Capitán General del Alto Perú | 1816 – 1821 | Depuesto en el Motín de Aznapuquio. Volvió a España. |
| 40 | José de la Serna e Hinojosa (Jerez de la Frontera, España. Conde de los Andes) | Comandante en el Alto Perú | 1821 – 1824 | Derrotado en Ayacucho. Regresó a España. |
(Nota: En los periodos intermedios o vacancias repentinas por muerte, el mando era asumido temporalmente por el Oidor Decano de la Real Audiencia de Lima).
ANEXO 2: Pueblos Nativos y Etnias Asimiladas al Perú Virreinal
El Estado virreinal peruano no se forjó únicamente sobre la unión sociopolítica de castellanos e incas (quechuas de la élite cuzqueña). El vasto territorio andino y amazónico era un mosaico de decenas de naciones prehispánicas. Muchos de estos pueblos habían sido sometidos recientemente por el Imperio Inca (Tahuantinsuyo) y vieron en la llegada de los españoles una oportunidad de liberación, convirtiéndose en activos aliados militares de la Corona. Todos ellos pasaron a formar la base demográfica, cultural y laboral de la nueva sociedad virreinal.
Entre los principales pueblos asimilados destacan:
- Los Huancas: Ubicados en el valle del Mantaro (actual Junín). Fueron el aliado indígena más leal y numeroso de los españoles (junto con su curaca Felipe Guacrapáucar). La Corona les otorgó un escudo de armas y prohibió el establecimiento de latifundios españoles en sus tierras en agradecimiento por su vital rol militar contra los ejércitos incas y en la rebelión de Francisco Hernández Girón.
- Los Chachapoyas: Cultura de la amazonía andina (actual Amazonas) conocida como «los guerreros de las nubes». Sometidos brutalmente por el Inca Huayna Cápac, se aliaron rápidamente con Francisco Pizarro para sacudirse el dominio incaico.
- Los Cañaris: Aunque originarios del actual Ecuador (cuenca alta del río Guayas y Azuay), miles habían sido deportados por los incas como mitimaes al Cusco y otras zonas del actual Perú. Durante el virreinato, formaron una guardia de élite leal a los virreyes e integraron la sociedad andina.
- Los Aymaras (Señoríos Collas, Lupacas, Pacajes): Habitantes del hostil altiplano (Meseta del Collao). Su asimilación fue vital para el mantenimiento del Virreinato, ya que proporcionaron la mayor parte de la fuerza de trabajo (mita) para la extracción de plata en el fabuloso Cerro Rico de Potosí.
- Los Tallanes, Muchik y Chimú (Descendientes): Habitantes de los valles costeros del norte peruano (Piura, Lambayeque y La Libertad). Los curacazgos de esta región fueron los primeros en tener contacto con Pizarro (ej. el cacique de Tumbes o Martinillo) y asimilaron rápidamente la cultura jurídica y agrícola española, constituyendo las bases del fuerte mestizaje costeño.
- Los Chancas: Antiguos y fieros rivales de los incas, ubicados en la zona de Apurímac y Ayacucho. Fueron integrados en el sistema de encomiendas y «reducciones» toledanas.
- Pueblos Panatahuas y Chupaychus: Etnias de la ceja de selva huanuqueña que mantuvieron su identidad hasta finales del Virreinato (tuvieron un rol protagónico en la rebelión de Huánuco de 1812 contra los tributos abusivos).
- Pueblos Amazónicos (Asháninkas, Shipibo-Conibos, Aguarunas): Su asimilación fue sumamente compleja, esporádica y muchas veces resistida. Fueron integrados no por encomenderos, sino a través de misiones evangelizadoras (dominicos, jesuitas y franciscanos) en la selva central (Gran Pajonal) y selva baja. Su anexión definitiva tomaría siglos, adentrándose hasta la época republicana.
ANEXO 3: Comparación Cronológica Geopolítica (1526 – 1830)
Esta tabla sincroniza los hitos políticos, científicos y militares ocurridos en el Virreinato del Perú, en España (la metrópoli) y en el Virreinato de Nueva España (México), permitiendo comprender cómo los procesos locales respondían a una misma marea geopolítica imperial.
| Período / Año | Sucesos en el Perú (Virreinato) | Sucesos en España (La Metrópoli) | Sucesos en Nueva España (México) |
| 1526 – 1535 | Los Trece de la Isla del Gallo reafirman su expedición al sur; primeros avistamientos de Tumbes. Captura del Inca Atahualpa (1532). Fundación de la capital Lima (1535). | El rey Carlos I (V del Sacro Imperio) se casa con Isabel de Portugal y consolida el dominio Habsburgo. La Corona instaura normativas para regular a los conquistadores que acumulan inmenso poder. | Hernán Cortés regresa a México tras su expedición a Las Hibueras (Honduras); fin del dominio del Imperio Azteca. Se crea formalmente el Virreinato de Nueva España (1535), nombrando a Antonio de Mendoza como primer Virrey. |
| 1536 – 1572 | Creación del Virreinato del Perú mediante las Leyes Nuevas para frenar abusos encomenderos. Rebelión de Manco Inca y Guerra de Arauco en el sur. Llegada del Virrey Toledo: fin del Estado Neoinca de Vilcabamba y organización de la Mita minera. | Carlos I promulga las «Leyes Nuevas de Indias» influenciado por Fray Bartolomé de las Casas, en un intento de la Corona por limitar las encomiendas. Felipe II consolida su inmenso imperio burocrático y reprime la Rebelión de las Alpujarras. Guerra de los Ochenta Años contra Holanda. | Expedición de Francisco Vázquez de Coronado y Rodríguez Cabrillo para explorar el norte (actual EE. UU.). Minería de Zacatecas. Establecimiento de la ruta del Galeón de Manila transpacífico (Acapulco-Filipinas), puente comercial de plata mexicana. |
| 1579 – 1650 | Ataques piratas (Drake, 1579). Esplendor platero de Potosí. Vida y obra de los cinco santos peruanos (Toribio de Mogrovejo, Rosa de Lima, Martín de Porres, Juan Macías, Francisco Solano). Expedición marítima de Pedro Fernández de Quirós y descubrimiento de Vanuatu. | Apogeo del Siglo de Oro español y literario (Cervantes, Velázquez). Guerras anglo-españolas. Posterior declive geopolítico y político con Felipe IV. | Expansión e intensa labor misional de franciscanos y jesuitas al norte. Inundaciones catastróficas paralizan Ciudad de México (1629). |
| 1651 – 1713 | Decaimiento económico y decadencia platera.Los piratas asedian las costas; fortificación de las Murallas de Lima.Terremoto y tsunami de 1687 arruinan la agricultura costera. | Muerte de Carlos II sin descendencia. Guerra de Sucesión Española, Tratado de Utrecht y llegada de los Borbones (cambio dinástico). | Cambio dinástico genera reformas locales. Creciente expansión del contrabando británico / inglés a través del Caribe y Veracruz. Creación de haciendas ganaderas. |
| 1714 – 1781 | Creación del Virreinato del Río de la Plata y desmembramiento de Potosí.Guerra de la Oreja de Jenkins.Rebeliones de Juan Santos Atahualpa y Gran Rebelión de Túpac Amaru II. | Carlos III ejecuta las Reformas Borbónicas para exprimir rentas y recentralizar el poder en Madrid (centralización fiscal). Derrota a Inglaterra en Cartagena de Indias. | Creación e instauración de la Comandancia General de las Provincias Internas del Norte para defenderse frente a los apaches y rusos. |
| 1806 – 1824 | La Expedición Filantrópica de la Vacuna (Balmis/Salvany) cruza los Andes salvando miles de vidas. Virrey Abascal defiende el sistema absolutista (contrarrevolución). San Martín declara la Independencia en Lima (1821). Sucre sella el triunfo final independentista y fin del Virreinato en la Batalla de Ayacucho (1824). | Invasión Napoleónica de España (1808). Captura del rey Fernando VII, Cortes de Cádiz y promulgación de la Constitución de 1812. El Trienio Liberal obliga a Fernando VII a acatar la Constitución, creando inestabilidad e incapacidad de enviar refuerzos (ahoga envíos de tropas). | El Grito de Dolores por el cura Miguel Hidalgo (1810) detona la sangrienta guerra por la Independencia. Consumación de la Independencia de México (1821) bajo el Plan de Iguala y creación del Primer Imperio Mexicano con Iturbide. |
| 1828 – 1830 | «Primer Militarismo» republicano en Perú. Guerra contra la Gran Colombia en defensa del territorio norte. | España queda agotada, empobrecida y pierde su imperio continental americano (reteniendo solo Cuba y Puerto Rico). | México sufre el fracaso de la invasión de reconquista española liderada por Isidro Barradas y consolida su turbulenta República. |
Anexo 4: Primeras Fundaciones Españolas en el Territorio del Virreinato del Perú
| N.º | Nombre de la ciudad | Ubicación Histórica / Actual | Fecha de fundación | Fundador(es) |
| 1 | San Miguel de Piura (Primera fundación en Tangarará) | Valle del río Chira (Región Piura, Perú) | 15 de agosto de 1532 | Francisco Pizarro |
| 2 | Jauja (Xauxa) (Primera capital de la Gobernación) | Valle del Mantaro (Región Junín, Perú) | Octubre de 1533 | Francisco Pizarro |
| 3 | Cusco (Fundación española sobre la capital inca) | Valle del río Huatanay (Región Cusco, Perú) | 23 de marzo de 1534 | Francisco Pizarro |
| 4 | San Francisco de Quito | Faldas del volcán Pichincha (Actual Ecuador) | 28 de agosto de 1534 | Diego de Almagro y Sebastián de Belalcázar |
| 5 | San Miguel de Piura (Segunda fundación / traslado en Monte de los Padres) | Alto Piura, Morropón (Región Piura, Perú) | Fines de 1534 | Francisco Pizarro (Ordenó el traslado) |
| 6 | Ciudad de los Reyes (Lima) | Valle del río Rímac (Región Lima, Perú) | 18 de enero de 1535 | Francisco Pizarro |
| 7 | Trujillo | Valle del río Moche (Región La Libertad, Perú) | 5 de marzo de 1535 | Francisco Pizarro, Diego de Almagro y Miguel de Estete |
| 8 | Villa Nueva de San Gregorio de Puerto Viejo | Actual Provincia de Manabí (Ecuador) | 12 de marzo de 1535 | Francisco Pacheco |
| 9 | Santiago de Guayaquil | Golfo de Guayaquil (Actual Ecuador) | 25 de julio de 1535 | Sebastián de Belalcázar |
| 10 | San Juan de la Frontera de los Chachapoyas | Región Amazonas, Perú | 5 de septiembre de 1538 | Alonso de Alvarado |
| 11 | La Plata (Charcas, hoy Sucre) | Departamento de Chuquisaca (Bolivia) | 29 de septiembre de 1538 | Pedro Anzúrez de Camporredondo |
| 12 | San Juan de la Frontera de Huamanga (Primera fundación) | Región Ayacucho, Perú | 9 de enero de 1539 | Francisco Pizarro |
| 13 | León de los Caballeros de Huánuco | Pampa de Huánuco Viejo (Región Huánuco, Perú) | 15 de agosto de 1539 | Gómez de Alvarado y Contreras |
| 14 | Villa de San Miguel de Ribera (Camaná) | Valle de Camaná (Región Arequipa, Perú) | Noviembre de 1539 | Garcí Manuel de Carbajal |
| 15 | San Juan de la Frontera de Huamanga (Segunda fundación / traslado) | Actual ciudad de Ayacucho, Perú | 25 de abril de 1540 | Vasco de Guevara |
| 16 | Santiago de los Ocho Valles de Moyobamba | Valle del río Mayo (Región San Martín, Perú) | 25 de julio de 1540 | Juan Pérez de Guevara |
| 17 | Villa Hermosa de Nuestra Señora de la Asunta (Arequipa) | Valle del río Chili (Región Arequipa, Perú) | 15 de agosto de 1540 | Garcí Manuel de Carbajal |
| 18 | Villa Imperial de Potosí | Faldas del Cerro Rico (Bolivia) | 1 de abril de 1545 (Descubrimiento y poblamiento) | Juan de Villarroel y Diego de Zenteno |
| 19 | Nuestra Señora de La Paz | Valle de Chuquiago (Bolivia) | 20 de octubre de 1548 | Alonso de Mendoza |
| 20 | Jaén de Bracamoros | Región Cajamarca, Perú | 17 de abril de 1549 | Diego Palomino |

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